Al galope del amor, la felicidad mía,
invade la inmensidad del majestuoso llano,
visitando su verdor tomados de la mano,
tantos sueños bajo la lluvia crecer hacía.
Arrebatado el viento silente que corría
al horizonte de aquel estero engalanado,
reverdeciendo las hojas de este árbol lozano
moviéndose a la alborada, desnudando el día;
ciñendo en sus raíces profundas sus semillas
y desde la montaña despojó de su falda
la humedad de las nubes cayendo como nieve,
tiñendo de blanco el estero verde guirnalda
aromatizado de flores silvestres bellas,
el azul infinito del cielo mientras llueve.