Encontré palabras difíciles
en los prospectos de medicinas.
Sin nada que leer,
los coleccioné y los leí mil veces.
Descubrí excipiente, codeína,
Oscillococcinum o antiinflamatorio.
Recorría leguas de barro y piedra,
llamando a las puertas de los enfermos,
mendigando prospectos de papel fino
como quien busca un tesoro sagrado.
En aquellos textos de letra diminuta
deseaba descifrar el mundo,
aprender la música del lenguaje
que la vida me negaba por los rincones.
Formaron mi infancia de pobreza.
Pueblos sin, personas sin,
presente sin, futuro sin.
Una enorme variedad de sin
que me dejaban sin
y me mataban sin piedad.
Con la carrera perdida
antes de dar la salida.