Camino a ningún lugar
porque me gusta estar ahí,
sentarme y ver pasar
todos los minutos
pre-suicidados dedicados
a mi presa libertad
que llora sin un fin,
que me reprocha
ese gusto de atormentarla
por contarle mis deseos
y no hacer nada,
solo tenerla así
ahí parada, viéndome morir
como los besos que no te doy
cuando te tengo cerca,
cuando te tengo frente a mi.
Mi libertad amargada
como luna en eclipse,
sin luz y sin latir
tan ruin y opacada
como aquellos pensares
que te dedico,
sin cuerpo y con vacío
en ecos solo tu sonrisa
y también tu blanca cara
que se derrite a poco
por imaginar el cinismo
de pedir apretar tu palma,
para caminar a prisa
al sendero de la jaula
que hipnotiza a mi libertad
con sentirse libre, pero desahuciada.
¿Pero porque llevarte a ella
si tu estas liberada?
para que la cautives
con ese profundo mirar
y la invites a ponerse de pie
para volver a andar
desbocada por tus besos
o simplemente tu amistad.