Bien pudiera ser que en el cenit del mundo habite mi cuerpo frágil de fantasma. La antagónica mirada que siembra flores o hace que nazcan las madrugadas. Más no espero verte en esa hora o encontrarme contigo en la mañana, porque el nido que hogaño habito tu trino hoy muere de dolor sin tu alma amada. No obstante prometí no desangrarme y verter en tus ojos como lluvia mi tristeza, sobreviviente soy de todas las perezas que inundan a las almas cuando el viento se lleva las flores y deja nieves o tal vez colores que solo pueden verlos quienes realmente aman. No pertenezco ya a esos reinos dulces y transidos de amor ante el príncipe azul que se acercaba hoy pertenezco, al agua, a Eolo, a la raíz seca de mi tierra colorida de este sur y bienamada, donde crece tanto la fértil y alta montaña o se agrieta en los salares el desierto agreste de mi patria.