No vengo a hablarles de ninguna muerte extraña.
Este que me habla se parece mucho a mí
Pero tiene los ojos más grandes y dilatados
Y con su voz metálica me dicta palabras negras.
Me habla de una muerte extraña,
Me hago el sota, el que no lo escucho.
Pero su voz se torna pesada, inhumana
Y sigue platicando sobre hechos de ultratumba.
Hago que no lo escucho, pero es ineludible,
Sus palabras fúnebres se precipitan
Y empiezo temblorosamente a escribir.
Lo quiero dejar en algún cementerio
Pero el muy vivo se da cuenta,
No me pierde el rastro.
No vengo a hablarte de ninguna muerte extraña, dice.
Me sigue hablando horas y horas.
Me dice que piensa escribir un libro oscuro,
Hago que no creo pero en verdad me da miedo,
Mucho no lo conozco y no sé hasta donde es capaz.
Me dejo dando vueltas en la cabeza
Esas palabras de una muerte extraña
En esa charla nocturna que intente no oír.
Me convirtió en un verdugo,
En un cruel asesino.
No consume una muerte extraña ni el crimen perfecto
Pero el cuerpo esta yacido aquí.
No sé si fue un suicidio o un homicidio
Ni tampoco sé si este cuerpo inmóvil
Que está en mi cuarto
Es el de él o es el mío.