No hay órgano más sensible en la existencia
que este pecho que late con fuerza y pasión
la angustia, el dolor, el amor y la esencia
siempre actúan en él con consideración.
Modifican el ánimo, nublan la razón
en la paz se relaja y encuentra el alivio
pero si llega el amor, estalla su acción
y se acelera de pronto en un dulce fuego.
Es el primero en moverse al nacer la vida
y el último en irse cuando llega el final
una llama constante que nunca se olvida
un pulso que marca nuestro plan vital.
Los hay pequeños y fríos como el hielo
otros grandes y hermosos, llenos de bondad
pero la mente lo traiciona en su desvelo
y el estrés lo condiciona con su crueldad.
Corazón sensible que todo lo siente
entre el golpe del mundo y su fragilidad
aunque la lógica le mienta a la mente
él guarda por siempre nuestra verdad.
Un pulso que marca nuestro plan vital. Excelente trabajo muy bien poeta