Llegó desde la nada, sin aviso ni espera
alguien que lo cuidaba le abrió la frontera.
Blanco y pequeño de manchas negras
se ganó el cariño con encantadora entrega.
Cuerpo alargado y cabeza imponente
con patas muy cortas corría valiente
en las picadas sacaba ventaja
siendo el compañero de toda la cuadra.
Adivino de gestos, audaz y prudente
leía los pasos de alguno de la casa
A los gatos corría con gran decisión
pero les daba respeto en cada ocasión.
Al oír el silbido llegar de la esquina
sentía esa marca que el alma ilumina.
Salía al encuentro con tal alegría
entre olfatos y juegos pasaba su día.
Dormía afuera, en cartón y humildad
pero en el frío del invierno pedía piedad
rasguñaba la puerta buscando el calor
para entrar al abrigo en un trapo de algodón.
Junto a la cama, suplicaba una plegaria
pedía permiso en su entrada ocasional
si alguien dormía y bajaba el descuido
seguro en los pies se quedaba rendido.
Comía de todo, hasta el pan le gustaba
al lado de la silla su turno esperaba.
Nada cargoso, pero sí muy amoroso
con cola y mirada de un perro dichoso.
Su gran emoción era el mundo y la calle
aunque un olor fuerte causara un detalle
si un rastro de caballo cruzaba el camino
un baño forzado era su destino.
A veces temblaba entre las rosas del patio
no era el frío ni el miedo lo que lo sacudía
era un golpe invisible, su amargo calvario
que desorientado, el pobre sufría.
Disimuló aquel dolor con altura
manteniendo intacta toda su locura.
Su estancia fue breve, su huella gigante
un amigo fiel, noble y constante.
Dicen que el cielo tiene un sitio guardado
donde corre libre, feliz y cuidado.
Legado de amor que no tiene final
Spunki, el amigo de luz sin igual.
Legados de amor que no tienen final. Muy bien poeta una hermosa poesía. A ese gran amigo inseparable que siempre recordamos con cada colinas en movimiento. Buen día poeta