Mira, ahí: en el verde delicioso
de tus ojos como soles
(de esos ojos adorados
que ya no podría olvidar)
es ahí en donde renacen mis sueños,
se quiebra la voz de mi alma
y se graban los latidos
que tú provocas en mi.
Sabe: que no he olvidado tu nombre,
que el alma ya no responde
cuando intento separarla
de tu rostro y tu presencia;
que he cambiado mi camino
tan sólo por la esperanza
de consagrarte, algún día,
mi tiempo, fe y alegría,
por darte hasta mi último aliento
y vivir (tan sólo un momento)
en tu idílica compañía.
Por tu amor (ese tormento
que me tiene de tí sediento
a toda hora, cada día)
¡yo no sé lo que daría!-
Eduardo Ritter Bonilla.
bella poesía, llena deternura y deseos y eso hace que leerte siempre sea placentero, un beso y te felicito, MARIA OFELIA REIMUNDO*