Soñé contigo y en mi sueño, te veo delante de mí, tan apuesto y tan feliz cómo cuándo tenías vida; nervioso ante mi presencia. No presentí que tu ausencia era real; porque en el sueño te ví mi amor tan risueño, tan así, tan tú, tan mío, que estabas aquí conmigo porque aún eres mi dueño. Te abracé con la ternura que siempre te prodigué, y al abrazarte sentí muy cerca tu corazón qué latía emocionado pues estabas a mi lado, pero sin más desperté. Al no verte regresé dando rienda a mi tristeza, y con resignada entereza sigo aquí con tu recuerdo bajo mi piel y en mi alma. Yo sin tí no encuentro calma ni jamás la encontraré. Ivette Rosario Ivette Hernández Más