Expiación Eterna
Expiaré de ti mis culpas.
La culpa de querer amarte.
La culpa de soñar y desearte.
De desear no llorar estas penas.
La pena de despertar y perderte.
La pena de abrir mis ojos y no abrazarte,
la de abrazar el frío y no tus llamas.
Y las ganas de quemarme en ti son más fuertes,
las ganas de a ti más de mil veces beberte,
calmar de ti la sed hasta que me inundes las venas,
ahogarme con tus sueños de deseos y pecados recurrentes.
Pero pecar es pensar en ti sin mucha suerte,
solo ver los tatuajes en tu piel duele todas las mañanas.
Amanecer con mis manos vacías y no poder recorrerte,
sería mi aliento eterno de nuevo poder verte.
No ver tus ojos color miel a diario me cansa,
pero sé que el cansancio no es de amarte.
Te amaré sin duda y sin pausa entre las muertes,
pues morí la primera vez cuando mis ojos veías.
Cuando acariciaba tu espalda al conocerte,
conocí de ti los besos y una historia para siempre.
Lo que late en mi pecho nunca lo imaginarías,
si lo que tiene a mi alma rota es no tenerte.
Alma que se renueva con tan solo escucharte,
alma que se hace eterna con oír de ti sonrisas.
Y es que en tu sonrisa hay un pecado recurrente,
hace rendir mis brazos, me ciega, voy desarmado al frente.
Yendo a una guerra de mil batallas, sin ti no hay victorias.
Mi princesa, mi cielo, del cerro mi estandarte.
Expiaré mis culpas de todo ante ti nuevamente,
pues la culpa es tuya cuando este corazón me robaras.
Pero aquí no hay pecado, y tú sí me condenaste,
condenado sin tregua a querer solo amarte
hasta pagar la sentencia que tú realmente vales.
© LGabrielGross
Amarte sin duda y sin pausa entre las muertes, tiene potencial el poema