La locura rigió el impulso de llegar hasta donde estabas...
La irracionalidad atacaba mis pasos, mientras el corazón me aconsejaba no perderme el estar contigo, el conocer aquello que no conocía de tí, el vivir contigo desde el amanecer hasta que el cansancio nos dejaba sin álito y nos íbamos a dormir.
Aún no he aterrizado de este hermoso sueño, aún culpo a la distancia por existir entre nosotros, aún anhelo despertar abrazada a ti y reirme, y jugar a que nos alejábamos mientras íbamos de excursión en aquel camión y los niños se reían de nuestra manera de pelear cuando inventábamos que ya no viviríamos juntos porque no nos soportábamos. No me era posible defenderme porque la risa no me dejaba...
Vaya que la vida guarda sorpresas hermosas entre los días y los meses que nos esperan por vivir.
Por nada cambiaría el haber vivido estos hermosos días contigo, a tu lado.
¿Cómo no agradecerte tanto?
Gracias: la vida ha valido la pena por haberte conocido, por haberte abrazado, por lo que compartimos que ahora sólo tú y yo podemos entenderlo, más no explicarlo.