Hay un barco en la mar, a la deriva,
extraviado, sin brújula, sin puerto.
Hay un grito inaudible en el desierto
y hay un alma que sufre por cautiva.
Ese barco soy yo que en agresiva
sensación cada vez que me despierto
sólo pienso vivir estando muerto
sin razón, con locura primitiva.
Grito, clamo con voz desaforada
en el triste desierto de mi ocaso;
pero nadie me escucha, nadie acude.
Mi alma sufre el abismo de su nada
y el dolor se desborda de mi vaso
donde quise beber y nunca pude.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC