Invítame a un café;
la lluvia es fría y hoy muero por estar entre tus brazos,
mi cuerpo tiembla de melancolía, mientras mi alma se escurre
en el fracaso.
Permite que me siente frente a ti,
para ver mi reflejo
en tus pupilas,
y sentir la tibieza
de tu aliento.
Si quieres... te me arrimas.
Invítame a un café
que en cada sorbo, degustaré ese beso que preciso, pues nace de tus labios impacientes,
que engalanan
mi nombre,
cómo nadie lo hizo.
Ven y acércate a mí como gorrión al nido, como perro a su amo, como yo a tu destino, y siembra azucenas
en mi alma;
triste desierto,
porque no estoy contigo.
Ya no quiero el café. ¡Quiero tus ojos,
tus labios y tu cuerpo enardecidos!
Ya no quiero el café. Sólo preciso... ¡Que te quedes conmigo!
Ivette Rosario.
Ivette Hernández Más.