Como aguila dorada
despegaste tu vuelo
sin haber notado
el lazo que te unía.
Volar, volar...
hacia el infinito,
era tu estigma
más sin embargo
caiste cual rayo
te hubiese fulminado.
En el charco de
tu roja sangre, gorgojeabas
pidiendo agua
a tus entrañas,
no había nadie
sólo el silencio
contestó tus gemidos...
Al despertar el alba
se oyó el susurro
de un batir de alas,
eran tus hermanos
que venían a despedir
tu agonía.
Cimbreante, fulgurante
y alegre, diste rienda
al último suspiro
porque al fin
cual fuera tu destino
lograste tu meta.
¡Libertad, libertad!...
fueron tus últimos
pensamientos en esta vida
y así rendiste
tu alma al creador.