Lo que tengo están en los desiertos
cajones, mientras los años avanzan
mis objetivos sin cumplir descansan,
son fracasos ante mis ojos, despiertos.
Todo es incierto oscuro y frío,
son pocas las flores en primavera,
está quedando sin leño la hoguera.
En el aura del poeta no hay desafío.
La repetida escena es la historia.
Vuelve lejanos llantos de mis niños,
sus rostros son mansos latir de armiño,
a pesar alegra aun mi memoria.
Una sonrisa que es cariño santo,
de la niña que amo hasta el espanto.
Autor: Alcibíades Noceda Medina