No te guíes por las voces de los otros
ni siquiera por escritos muy profundos,
que mas dá que te digan que nosotros
somos la envidia consecuente de este mundo,
tal vez, en la inmensidad de algún idiota
que supone que amarse es de iracundos
sin saber que algún de tu boca
me inmuniza de esos tales vagabundos,
y pensar que al hablar se compadecen
de aquello que no tienen y sus diatribas
le produce escozor lo que no entienden,
estos simples códigos de nuestras vidas,
No te guíes si te llaman y mi nombre
de sus labios proclaman, falso testimonio,
será que los celos agigantan sus demonios
cuando ven nuestro amor y todo los corrompe.