Padre Mío:
con actos humildes
y ánimo sincero,
mi conciencia elevo
para, así, servirte
no sólo en mi verbo,
sino con mis hechos
de amor verdadero.
Rindo humilde culto
a tu mandato eterno
mediante mis actos,
momento a momento.
No insulto a mi hermano,
mejor lo respeto;
no ofendo a las damas
con ojo indiscreto,
no escupo a los cielos
en absurdo reto.
Con perseverancia
limpio el pensamiento
de toda impureza
y trabajo en secreto
para corregirme
de tanto defecto.
Mi mente es la joya
que pule el joyero
para que refleje
con sabio destello
la Luz de Tu Rostro
y tu Divino Aliento.
Me has dado la vida
¡celestial portento!
para que con ella
construya tu templo.
Padre Mío: conduce
a mi frágil cuerpo
para que te siga
en el sabio sendero
que libere a mi alma
y me lleve a tu encuentro;
pues Tu eres mi dueño,
mi razón, mi centro.-
Eduardo Ritter Bonilla.
Excelente!!!! No más comentarios... solo, Excelente!!! Un abrazo