Quise volar, herido como estaba,
las alas rotas y el dolor en pleno.
Quise volar, dejar atrás el cieno
en donde ya la luz del sol no daba.
Y al remontar el vuelo me esperaba
algo que no era nada, nada bueno,
más fulminante que cualquier veneno
y tan letal que al corazón paraba.
En mis pesados, torpes aleteos,
sentí morir por más que me esforzaba
y no avanzaba pese a mis deseos.
El hondo abismo el ojo me guiñaba...
Era la muerte que en sus himeneos
con un gélido gesto me esperaba.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC