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Romance de la pasión
Cuando tu piel se aproxima
la noche cambia de nombre,
y el silencio de la casa
late escondido en el cobre.
Tu mirada me atraviesa
como un fuego que se esconde
entre los pliegues del alma
donde el deseo responde.
Tus manos buscan las mías
con temblor de madrugada,
y en su roce va creciendo
una luz callada y clara.
No sé si es sueño o destino
lo que en tu aliento se abre,
pero el mundo se detiene
cuando tu boca me habla.
Caminamos por la orilla
donde el amor se derrama,
ese límite secreto
que separa fuego y calma.
Y al abrazarte comprendo
lo que el corazón callaba:
que la pasión es un río
cuando dos almas lo llaman.
Romance del fuego y el mar
La noche bajó despacio
A posarse en tu mirada,
Y el silencio de la tierra
Se quedó sin decir nada.
Una estrella temblorosa
Sobre tu frente brillaba,
Como si el cielo supiera
Lo que tu piel anunciaba.
Tus manos, brisa de fuego,
Buscaron mi madrugada,
Y en el rumor de ese gesto
La razón quedó callada.
Creció el mar entre nosotros
Como una ola levantada,
Y nuestros cuerpos supieron
Lo que el deseo guardaba.
Ardían lentas las sombras
Sobre la quietud del alba,
Mientras el mundo dormía
Y el amor nos despertaba.
Y en el temblor de la noche,
Cuando el tiempo se apagaba,
Comprendimos que la vida
En un instante cabía.
Porque hay pasiones tan hondas
Que no necesitan habla,
Son como ríos secretos
Que en el corazón se abrazan.
Romance del instante eterno
La noche guardó silencio
Cuando tu piel se acercaba,
Como si el mundo supiera
Lo que el deseo anunciaba.
Temblaron lentas las sombras
Sobre la quietud del alba,
Y en el rumor de tu aliento
Mi corazón despertaba.
Tus manos fueron camino
Que a mi cuerpo regresaba,
Y en su tibieza aprendí
Lo que el amor revelaba.
No hubo palabra en la noche,
Ni falta que nos hacía,
Pues la piel dice verdades
Que la voz nunca diría.
Y cuando el tiempo se detuvo
Entre tu luz y mi llama,
Supe que el amor existe
Cuando el alma se desarma.
Luego la noche nos cubre
Con su paz recién hallada,
Y el mundo vuelve a girar
Como si no hubiera nada.
Pero en el fondo del pecho
Queda encendida una llama:
Romance de la serenidad
La noche cayó despacio
Sobre tu luz y mi calma,
Como si el tiempo quisiera
Detener su vieja marcha.
Ya no ardía la pasión
Como un incendio en el alma,
Era un fuego silencioso
Que en la quietud descansaba.
Tus manos, sobre las mías,
Eran tibieza y confianza,
Como dos ríos que encuentran
Al fin la misma distancia.
No hizo falta decir
Lo que el corazón guardaba,
Pues la mirada sabía
Lo que la voz no alcanzaba.
Y en ese silencio dulce
Donde la vida se para,
Sentimos que el universo
En un instante cabía.
Después la noche siguió
Su camino por la casa,
Y el mundo volvió a girar
Como si nada pasara.
Pero en el fondo del pecho
Quedó encendida una llama:
La paz de saber que el amor
También puede ser calma.
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