En mi constante peregrinar
tras la bùsqueda de Dios;
me encontrè cara a cara
con una princesa Maya y,
al instante la convertì
en mi ìdolo.
La subì a un pedestal
y la coloquè en un altar
junto al Dios de Abraham,
al que ella adora y
supuestamente ama.
Un buen dìa sin saber como,
ni, por que....se vino abajo
y se volviò trizas.
Sus pedazos quedaron
esparcidos por el suelo.
Sus esquirlas razgaron mi ropa,
y se incrustaron en mi carne,
y en mi alma.
estoy todo maltrecho
y herido, por fuera y
por dentro.
Se ha roto el ìdolo,
y como por encanto
desapareciò el hechizo.