Sentirás los tibios rayos en tu mejilla
al alba pura y temblorosa despuntar,
y quizá tu blanca sonrisa vuelva
con su fulgor el sol a iluminar.
Pero aquellos que bañaban nuestros rostros
con su luz sobre la playa al caminar,
aquellos no sentirás.
Sentirás las olas, revoltosas, en tu piel
con su misterioso canto estallar
y quizá como a triste nereida
que sobre sus espumas llora
algunas te pretendan consolar.
Pero aquellas que nuestros nombres cantaban
y con su rumor los cubrían en el mar,
aquellas no sentirás.
Sentirás el viento en las doradas tardes
del otoño en tu inquieta alma aletear
y quizá con sus suaves besos y arrullos
tu pesar alguna vez consiga aliviar.
Pero aquel que con nuestros pasos fundía
sus murmullos de ardiente hoja al crepitar,
aquel viento, no te engañes vida mía,
no sentirás, y nuestro corto amor pronto
en sus veleidosas corrientes dejará
extraviar.