Le regalé a la arena mis pisadas e impregné de sal un día nuevo, trepé el ardiente sol en esa hora en que tu mano acarició mi cuerpo. La inmensidad del mar nos observaba en esa playa de húmedos deseos y un velero el horizonte navegaba como tus labios lo hacían en el beso. Después la luna quedó en esa valija de adormiladas caracolas del regreso y una ola gigante casi arrasa tu latir en el espejo de mis miedos. Es que la vida nos sacude ,así de pronto y nos hace frágiles,pequeños, ante la inconmensurable magia que Dios pone en la creación del Universo. Elsa Tébere