Un còncavo minuto del espìritu
se mece entre tu nombre y la aurora.
Fresca, sutìl, no tiene opulencia profana,
pues tu ecuànime atmosfera
de luces tu presencia derrama.
Es como la palabra de la que sale algo diferente
una respuesta, pero tambièn una prolongaciòn,
una prolongaciòn en lo inòcuo de tus labios.
Què escondes en tu belleza inhabitada?
una abrumante sencillez,
una poesìa evaporada,
que se condensa en las nubes
y caes como lluvia
empapando sentidos.
Quièn en tu mar no ha querido surcar ocèanos
quièn en tu abrasante sol.
Quièn en tu nombre no ha soñado,
quièn en tu nombre... Marisol.