¿Dónde pongo tus palabras? No me caben en los bolsillos. Las cambié de un lugar a otro, como quien busca salvarlo último que le queda. Despué, las guardé en bolsas, en cajones, entre las páginas de mis libros, pero siguieron multiplicándose. Ahora tampoco caben en mi mente. Se amontonan en los rincones, irrumpen en el silencio vació de mi sueño. Las encuentro al despertar, esparcidas sobre la almohada, como si la noche hubiera intentado devolvermelas. ¿Dónde pongo tus palabra, si ya no puedo cargarlas y tampoco sé olvidarlas? Quizá las deje donde nacieron: en tu boca, o en el aire, para que el viento se las lleve, las desgarre.