¡Qué insospechados caminos
deparas a tus criaturas,
Señor Dios del Universo!
Gobiernas con mano dura
a los que amas en verdad,
haciendo que tus lecciones
dejen huella en nuestras almas
a menudo tan rebeldes,
pero jamás abandonas
a nadie en la adversidad.
En nuestra cruel soledad
eres guardián silencioso
que, como Padre Amoroso,
conforta con sabio celo;
mitigas el desconsuelo
dando fuerza espiritual
a quien a Tí se aproxima.
Vas disponiendo el camino
en que se templan las almas
como la espada en la fragua.
Sometes a fuego vivo
nuestra torpe humanidad
para ser fortalecida
a base de sufrimientos;
permites que el insolente
desahogue su insolencia
y al humilde das clemencia
en su vulnerabilidad.
Le das al justo el sosiego
y la visión interna al ciego,
para que aprenda humildad.
Pero es Tu Amor infinito
el que conduce, Dios bendito,
con dulzura y con bondad
al hombre justo y contrito,
en la densa obscuridad.-
Eduardo Ritter Bonilla.