Hoy te agradezco a ti, mi musa, que me enseñaste otra forma de vivir. En esta despedida, agradezco a todas mis musas que me amaron y debí amar tal vez un poco más. A ti, mi musa de los ojos verdes, la señorita inspiración. A la que me amó y no amé. A la que amé y llore porque un día ya no fué. A la que me enseñó a amar. A la que me enseñó a hacer el amor. A la pocas veces recordada, mas nunca olvidada. A mi musa de diciembre, la que pudo ser y no es. A la que amo y me ama. A mi musa de los labios mariposa. A la de los pechos grandes. A mi musa de juventud, que le pague mis deudas. A la de los ojos negros y mirada brillante. A la musa de un día. A la que descubrió mi secreto y no dijo nada para no ser descubierta. A la que quiere ser mi musa. A la que está demasiado lejos, la pequeña de corazón grande. A la de las alas rotas, que esconde sus cicatrices y que me resisto pero termino escribiéndole. A mi musa que me recuerda con un café y le escribo bajo la lluvia. Gracias por enseñarme a vivir los sueños, por hacer que lo imposible se haga realidad. Por ayudar a un hombre normal a soñar con ser poeta. -Töto Mëlënôvsky-