Querida amiga mis ojos ya no mienten
ni ocultan silencios, largos y profundos,
me llevan a bajarlos, carecen de silentes
objeciones tenues que visten vagabundos.
Querida amiga mi voz ya entrecortada
no quiere las palabras vivaces de sentidos,
bajo el tono de voz y la mirada
acaricia todos los rincones de tus nidos.
Querida amiga mis manos te dedican
estos versos tan llenos de verguenza
que te dicen, que te lloran y predican
la dicha de volver a tener ciertas urgencias.
Querida amiga ya es tarde y mientras tanto
el paseo cotidiano de tus diáfanas virtudes,
me lleva a demostrar que lo que tienes de encanto,
me devuelve la simpleza, de lo que decirte no pude.