Rusadir injerta su latido vehemente
entre las claras lomas sometidas
que, a la mar tiñe de azul silente
y a su cielo templando va la vida.
El melillense, mecido por la luna,
se inclina; es fronda descendida
en un halo fugaz, los dos se aúnan
con pulso ardiente, y aplican su medida.
E injertan su fulgor andaluz en el levante
que, a la mar se inclina en añil boscaje,
o desciende con el halo pertinaz del poniente
que al líquido elemento le borda encajes.
Pedazo de la mar injerto en la arena,
transito de unos pies al hogar abierto
entre un altar de donde penden las cadenas
y cuerpos que al morir transitan yertos