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Defecto
Poema
Categoría: Pensamientos

El Otro

No soy sin el reflejo que me niega,

sin la sombra que arroja mi contorno
cuando una luz ajena me doblega
y me devuelve al mundo sin adorno.

Levinas lo intuyó desde su exilio:
el rostro del que pasa me interpela,
me exige una respuesta sin auxilio,
me funda en la mirada que me vela.

El Otro es el abismo que me habita,
la huella de un naufragio en mi ribera,
la voz que desde fuera me limita
y a la vez me completa y me supera.

Rimbaud lo supo joven y encendido:
"Yo es otro", escribió con tinta roja,
y en esa confesión dejó esculpido
el yo que del espejo se despoja.

No existe el yo sin el espejo ajeno,
no hay identidad sin diferencia,
la mismidad se pudre en su terreno
si no le presta el otro su existencia.

Hegel trazó la lucha en la conciencia:
el amo y el esclavo frente a frente,
cada uno buscando su querencia
en la mirada hostil del diferente.

Pero es en el abrazo del extraño,
en la palabra dicha por quien pasa,
donde se rompe el filo del antaño
y el muro que separa se rebasa.

Buber lo dijo con sabiduría:
no existe el Yo sin Tú que lo sostenga,
es en la relación, en la porfía
del diálogo, donde el ser se venga
de su condena a la quietud del uno.

Parménides erró en su esfera quieta:
el ser no es uno, es múltiple, es ayuno
de sí mismo sin otro que lo meta
en el temblor del mundo compartido.

Heráclito reía en su ribera:
el río no es el mismo sin testigo,
el fuego no arde sin la madera
del otro que le presta su postigo.

Dostoievski en sus noches siberianas
supo ver al asesino y al santo
como hermanos de alma en las mañanas,
merecedores ambos de su canto.

El otro es el infierno de Sartre,
pero también su única salida,
porque en la libertad que nos reparte
está la condena y está la vida.

Ortega lo clavó como una flecha:
"Yo soy yo y mi circunstancia",
y en esa circunstancia va derecha
la otredad que me salva y me distancia.

El otro es el que sufre en la frontera,
el que pide limosna en la estación,
el que habla otra lengua, otra manera,
y espera de mi mano su ración
de humanidad compartida.

No hay filosofía sin el otro,
no hay ética sin rostro que reclama,
no hay verdad sin el diálogo que es potro
donde se doma el yo y se desinflama.

Borges soñó con otro que era él mismo
pero distinto en su fatalidad,
y comprendió que el único bautismo
es saberse otro en la diversidad.

Somos el otro que vendrá mañana,
somos el que se fue sin despedirse,
somos la cicatriz y la manzana,
la sombra que no deja de insistirse.

Y al final del camino solitario,
cuando la muerte borre mi contorno,
seré por fin el otro necesario,
el que completa el círculo en retorno.

Seré el otro del otro que me espera
al otro lado del espejo roto,
y en esa comunión que es postrimera
sabré por fin quién soy:
el otro.
El otro.

Datos del Poema
  • Código: 396516
  • Fecha: 11 de Abril de 2026
  • Categoría: Pensamientos
  • Media: 0
  • Votos: 0
  • Envios: 0
  • Lecturas: 11
  • Valoración:
Datos del Autor
Nombre: Azaroth
País: Costa RicaSexo: Sin Datos
Fecha de alta: 19 de Marzo de 2025
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