Un dia supe lo que nadie me habia contado,
que mis dias de miseria llegaban a su fìn,
por la acciòn voluntariosa del baròn crucificado,
hombre piadoso y bendito paladìn.
Fuè un madero en forma de crùz escojida,
por mi Diòs en cuyo plan se preparaba,
liberarnos de la muerte y darnos vida,
por su hijo en esa sangre derramada.
Tantos golpes tanta sangre allì vertida,
fuè su amor,su compaciòn que nos salvava,
incluyendo asta esa gente enardecida,
que al amor y a la bondad crucificaban.
Pero allì fuè definido mi futuro,
junto con la humanidad arrepentida,
derribando con su muerte aquel gràn muro,
y estableciendo la victoria prometida.
Amigo Leo: La muerte de nuestro Señor no fue en vano. Nos redimió y nos dió la oportunidad de una Vida Eterna ante los ojos de Dios. Bello reconocimiento a nuestro Redentor. Diez.......... Saludos, Ivette Rosario.